En cada clase de yoga y meditación empezamos con una toma de conciencia que muchas veces provoca un ataque de bostezos grupal. Disfruto mucho que éste hábito se haya instalado en mí. El claro bienestar que produce me llevó a intuir sus beneficios y luego corroborarlos.

El bostezo y el cerebro

De acuerdo con investigadores del Instituto de Neurología de Londres, el bostezo provoca una actividad neuronal en los pliegues del lóbulo parietal que estimula la atención, la reflexión y la memoria. A parte del bostezo, esta área también es estimulada por los pranayamas, los ejercicios de respiración que se hacen en yoga: es por eso que la meditación contribuye a un incremento en la interocepción.

También es una de las zonas más afectadas por enfermedades relacionadas con la edad y los problemas de déficit de atención: posiblemente bostezar de forma deliberada fortalezca esta parte importante del cerebro.

Son numerosos los neuroquímicos que están involucrados en la experiencia de bostezar: dopamina, oxitocina, acetilcolina, óxido nítrico, glutamato, GABA, serotonina, ACTH, MSH, hormonas sexuales y péptidos derivados de opio. Estos neurotransmisores regulan el placer, la sensualidad, y las relaciones entre los individuos. De hecho, es difícil encontrar otra actividad que influya positivamente en tantas funciones del cerebro.

El bostezar probablemente evolucionó como una manera de enfriar el cerebro de los mamíferos demasiado activos, especialmente en las áreas del lóbulo frontal. De hecho, el bostezo puede ser uno de los mecanismos más importantes para la regulación de los comportamientos de supervivencia en los mamíferos. Así que si quieres mantener una óptima salud cerebral, es esencial que bosteces.

El yoga y el bostezo

Hoy el bostezo estimulado deliberadamente es una técnica más en los programas de reducción de estrés, entrenamiento de mejora de la memoria y atención, la psicoterapia y la práctica espiritual contemplativa.

Cada vez que propongo bostezar a un grupo nuevo de meditación, aparece el “mal hábito” de taparse la boca. De chicos aprendimos que bostezar es “mala educación”. Ok, en ciertos contextos sociales puede ser desagradable mostrar la boca tan abierta. Pero en los espacios privados o asociados a la relajación, el bostezo necesita no ser restringido, comprendido y estimulado.

En yoga el bostezo es otra de las formas de liberar rápidamente apana, residuos energéticos. A nivel fisiológico sabemos que contener el estornudo no es saludable, ¡y menos contener otras formas de eliminación!

El bostezo es una gran inhalación y una gran exhalación, por eso nos relaja con tanta profundidad: está asociado a la calma y al bienestar. Y como lo expone la medicina china, el bostezo es un proceso energético que transforma las preocupaciones en autorreflexión, la ansiedad en atención y la hiperactividad en recuperación de la memoria.

Beneficios de bostezar

  • Bostezamos desde que somos bebés: un mecanismo de alerta que ayuda a regular los “ritmos circadianos” de los recién nacidos, y esto se suma a la evidencia de que el bostezo está implicado en la regulación de la vigilia y el sueño.
  • El cansancio también genera bostezos, y parece ser una forma compasiva que tiene cerebro de avisarnos que se necesita un poco de sueño reparador. También la exposición a la luz nos hace bostezar, lo que sugiere que es parte del proceso de despertar en las mañanas.
  • Regula la temperatura y el metabolismo del cerebro: se requiere una gran cantidad de energía neural para permanecer atentos, es como un intento del cerebro para eliminar los síntomas al reajustar el funcionamiento neural.
  • A mi el bostezo también me prepara para cambiar de actividad: en cada exhalación suelto lo que estaba haciendo antes, y en cada inhalación conecto con mi cuerpo aquí y ahora.
  • El bostezo no sólo te relaja sino que rápidamente te lleva a un estado superior de cognición. Regula la atención, nuestro sentido del yo; nos ayuda a ser más introspectivos y auto-observadores.
  • No solo el cansancio genera bostezos, también el aburrimiento y las comidas pesadas que sobrecargan el estómago. A veces también se debe a una falla de circulación energética en el pecho. Es cierto que un bostezo excesivo puede ser señal de un trastorno neurológico (por ejemplo, migraña, esclerosis múltiple, accidentes cerebrovasculares, o reacción a fármacos), y eso debe consultarse con el médico.
  • La relajación y laxitud provocan bostezos, ya que están asociados al sistema nervioso parasimpático, que ayuda a disminuir los niveles de estrés en el organismo. Por esta razón, cada vez que bostezamos nos dan ganas de estirar y elongar, para eliminar tensiones y sentir el cuerpo más blando y libre.
  • Al bostezar sucede un poderoso estiramiento en el maxilar, que incrementa la corriente sanguínea en el cuello, cara y cabeza. Esta inhalación profunda estimula a que la corriente corriente sanguínea y fluidos espinales del cerebro, bajen con mayor facilidad. Al inhalar por boca, refresca los fluidos del cuerpo.

Ejercitar el bostezo

Es recomendable bostezar tantas veces al día como sea posible: cuando te despiertes, cuando estés frente a desafíos del trabajo, cuando te prepares para ir a dormir, y cada vez que sienta enojo, ansiedad o estrés. Bosteza antes de dar una charla importante, bosteza antes de hacer un test o examen, y bosteza antes de meditar: esto intensifica tu experiencia espiritual.

El bostezar conscientemente toma un poco de práctica:

  • En savasana o en postura de meditación, relaja la mandíbula moviéndola hacia los costados
  • Baja la lengua haciendo más lugar en el fondo de la boca
  • Así empiezan los primeros falsos bostezos, pero después del quinto, emergen los de verdad: el cuerpo aprovecha para nutrirse y limpiarse más profundamente en cada ciclo respiratorio.
  • Tus ojos se llenan de lágrimas, la nariz puede comenzar a gotear, la boca se llena de saliva, se siente calor: esto trae mayor presencia, calma y relajación.
  • Y si te agarra un ataque de bostezos que no podes parar, sabrás que te haz estado privando a tu cuerpo de un tratamiento neurológico importante.

Fuente: Dr. Andrew Newberg

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