A muchos nos ha pasado que terminamos muy entusiasmados una práctica de meditación grupal, pero cuando recordamos la recomendación de ejercitarnos todos los días cierta cantidad de tiempo, podemos percibir cierta resistencia interior. Al volver a nuestra actividad cotidiana ya definitivamente nos negamos a “tener” que agregar una línea de “meditar” en nuestra lista de tareas del día. Pasan los días y nunca encontramos el tiempo para ese “debería”, y como con muchas cosas que nos hacen bien, alimentación nutritiva, ejercicio físico, etc., nuestra relación con la meditación empieza a tener rispideces.

Generalmente esto nos pasa cuando idealizamos cómo debería ser algo, en este caso meditar, en lugar de ir construyendo esa relación con lo que hoy somos y podemos. Otro obstáculo que suma a la resistencia es la confusión que hay sobre que la meditación es una acción, cuando su esencia está más cerca a un estado. En una cultura en la que “hacer y tener” se valoran más que “ser”, nos cuesta incorporar que la meditación tiene que ver más con una una disposición interna y una mirada más compasiva de nuestra realidad, y no tanto una tarea a completar. Por lo tanto podríamos impregnar cualquier actividad que hagamos con esta disposición interna.

Nos puede servir entender que se puede practicar de 2 maneras: formal e informalmente. Ambas modalidades son claves para nuestro bienestar y crecimiento, y cada uno puede elegir en qué momento hacer cada una.

La práctica formal es la versión que más conocemos: sentarse en el piso en una postura cómoda y erguida, en un espacio tranquilo, con aromas e imágenes orientales, con los ojos cerrados, en silencio, repitiendo un mantra, etc.

 

La práctica informal es una manera meditativa de realizar una acción cotidiana. Primero necesitamos evocar ese estado de conexión interna que experimentamos en las prácticas formales, y luego llevar la atención plena en cualquier actividad que elijamos:  lavar los platos, cocinar, esperar que nos atiendan, mientras viajamos, etc.

Así como en la práctica formal la clave es focalizar y observarnos, podemos poner nuestra intención en que la actividad de limpiar nuestra casa se una experiencia de meditación en la acción, y no solo otra tarea que necesitamos terminar. Compartimos dos formas simples de empezar una práctica informal.

A – Elegir una señal que detone el recuerdo de dirigir la atención.

Anticipadamente podemos elegir algo con lo que nos relacionamos varias veces al dia, que sirva como señal para volver al presente y observar esa experiencia: esperar que llegue el ascensor, el semáforo, el ringtone del celular, etc. Con unas respiraciones concientes se puede llenar esa espera con tu presencia. O se puede observar todo lo que está alrededor, o focalizar en las sensaciones del cuerpo en esos segundos de espera. Tan solo permanece presente hasta que cambie el semáforo, o llegue el ascensor. O antes de contestar ese mensaje de texto, cuenta tus respiraciones haciéndolas más lentas y profundas.

B – Eligir una tarea diaria y transformala en un ejercicio de atención.

Puede ser cualquier actividad. Una caminata por la plaza o hacia la oficina, cuando es realizado con atención plena se transforman en momentos de pura presencia. También correr 15 min en la cinta del gimnasio. Podrías elegir una canción y escucharla con atención plena desde el principio hasta el final.  Lo que hace que sea una práctica de meditación es poner la intención de estar plenamente presente en la actividad. Focaliza en la acción que elegiste y observa tu experiencia: qué se siente? a qué suena? a qué huele?. Puede ser en el momento de hacerte un té, por ejemplo, y observar el proceso: esperar que el agua hierva, percibir como la hierba se humedece, el momento en que empieza a despedir aroma y teñir el color del agua, el vapor que despide la taza, etc.

Thich Nhat Hanh, un maestro y escritor de la tradición del Budismo Zen, describe el momento de tomar un té como una meditación informal:

“Bebe tu té con reverencia y lentitud, como si fuera el eje en que el Planeta Tierra rota – lentamente, uniformemente, sin apresurarte toma otro sorbo. Vive el momento presente. Sólo este momento es vida”

Si tu meditación es formal o informal, obtendrás los mismos beneficios. Ambas versiones son valiosas para aprender sobre tus emociones, disminuir el stress y la ansiedad. Y cómo lo que haces es parte de tu día cotidiano, la meditación informal está a mano cuando corres el riesgo de dejar la práctica. Ese es el momento en el cual más necesitas conectar con vos mismo con el ejercicio que más se te facilite. Ambas prácticas se complementan y fortalecen hábitos saludables.

Fuente: Dr. Erin Olivo

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